Estudios de la OMS destacan que existen más de 150 patologías y padecimientos que se relacionan a una mala pisada, entre las más comunes; fascitis plantar, talalgias, metatarsalgias, espolón calcáneo y tendinitis aquílea, traen consigo efectos negativos en la salud, ya que provocan en su mayoría dolor e inflamación en los pies.
Si has desgastado o deformado tu calzado es posible que te preguntes por qué pasa eso. El pie es una estructura compleja que forma parte del sistema locomotor y nos permite desplazarnos, está compuesto por tres arcos plantares; medial, lateral y transversal, que a su vez, forman la bóveda plantar. Gracias a esta estructura es que la pisada puede ser neutra, permitiendo que cada paso se realice con la amortiguación, adaptación y equilibrio necesario para caminar sin dolor.
Factores como la herencia, calzado inadecuado como el tacón, patologías como pie plano, pie cavo, dedos en garra, hallux valgus (juanetes), sobrepeso, así como actividades físicas de alto impacto, son de las principales causas que alteran los arcos plantares y la distribución de carga del pie, pasando de una pisada neutra a una pisada pronadora (desviación interna del pie) o supinadora (desviación externa del pie).